BOLIVIA EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE COLLAGE DE VARSOVIA, POLONIA – ENTREVISTA A ANTAGÓNICA FURRY
En julio de este año (2016), la collagista Antagónica Furry fue seleccionada para representar a Bolivia en el Festival Internacional de Collage en Varsovia, Polonia, de la mano de Anna Kłos[1]. En esta entrevista conocemos su experiencia en este festival, su camino artístico y el collage en Bolivia.
[1] La Dra. Anna Kłos es una artista, curadora y investigadora que ha estado formando activamente la comunidad internacional del collage durante más de dos décadas. Posee un doctorado en Bellas Artes con una disertación dedicada al collage dadaísta, combina la práctica artística con la investigación académica y la enseñanza universitaria. Como fundadora de Retroavangarda, ha curado algunas de las exposiciones internacionales de collage más grandes de Europa, colaborando con artistas e institutos culturales de todo el mundo. Su libro 'Moderno Collage' es el resultado de años de investigación, experiencia curatorial y práctica artística, que se publicó este año.
Eynar Rosso Durán (ERD): Tu trabajo ha encontrado en el collage un lenguaje particular para relacionar imágenes, símbolos y narrativas. ¿Cómo llegaste a este medio y qué descubriste en él que no encontrabas en otras formas de expresión?
Antagónica Furry (AF): Hace más de doce años. En la búsqueda de encontrar imágenes que vayan con mis poemas. Ya que hasta ese momento yo sólo ilustraba, escribía poesía y amaba contar mi cotidiano por redes, pero siempre adjuntando una imagen que combine con mis textos.
Al ver tantos tipos de collage, tantos artistas subiendo sus obras, busqué artistas de ese arte en mi ciudad y en el país. No había ni uno especializado o de carrera en el collage. No me detuve y busqué en el internet a grandes maestros que pudieran influir con sus obras mi nueva fascinación. Todos extranjeros. Aprendí buscando sobre ese arte que ni sabía que existía. Antes de hacer mis propios trabajos tuve un año de aprendizaje y seguimiento, como fuente siempre el internet. Hubiera querido ver exposiciones en vivo pero todo era pintura, dibujo y otros artes. El collage no había tocado influencia aquí como en otros países. Aún así yo estaba motivada a ser collagista.
ERD: Toda trayectoria artística está atravesada por influencias visibles e invisibles. ¿Cuáles han sido los referentes estéticos, literarios o filosóficos que más han acompañado tu proceso creativo?
AF: Alvaro Sánchez, collagista guatemalteco; Antonio Frappa, collagista mexicano; El movimiento Dada, El Loco de Borda como libro base para mis primeras obras. El Conde de Lautréamont (Isidore Ducasse) en sus Los cantos de Maldoror. William S. Burroughs / Brion Gysin con su La técnica cut-up.
Mis influencias para el collage provienen de una tradición que piensa el cortar y el reunir como actos creativos y críticos. Filosóficamente me guían Walter Benjamin con el montaje de lo fragmentado, Lévi-Strauss y el bricolaje, Derrida y el injerto de sentidos, y Deleuze con el agenciamiento. En conjunto, me enseñan que el collage no es solo una técnica: es una forma de pensar que cuestiona la unidad y el orden, y que algo nuevo y revelador puede nacer de fragmentos una y otra vez.
ERD: En tus composiciones es posible percibir encuentros entre distintas temporalidades, imágenes y significados. ¿Cómo dialogan la intuición y la investigación dentro de tu práctica artística?
AF: En mi práctica, la intuición y la investigación no son etapas separadas, sino dos voces que conversan permanentemente dentro de cada pieza.
La investigación es el suelo que piso: busco imágenes, textos, objetos y referencias de distintas épocas y orígenes; los estudio, los clasifico y entiendo su contexto original. Es el trabajo lento, paciente, de archivo y descubrimiento, donde reúno los materiales que después cortaré. Es lo que me permite saber de dónde viene cada fragmento y qué peso histórico o simbólico trae consigo.
La intuición, en cambio, es el momento del corte y del encuentro. Cuando tengo las piezas sobre la mesa, es ella la que me guía: decide qué imagen del siglo XIX se acerca a una contemporánea, qué textura dialoga con una palabra, qué hueco debe quedar abierto. Es el instinto que reconoce afinidades invisibles para la razón, que salta entre temporalidades distintas y arma relaciones que nadie había visto antes.
Lo maravilloso del collage es que la intuición no actúa al azar: se alimenta de toda la investigación previa. Cuando corto y reúno, la intuición ya lleva grabado todo lo que indagué. Así, los encuentros entre tiempos y significados en mis composiciones que nacen de esa tensión fértil: la investigación pone los fragmentos; la intuición los hace hablar entre sí. Y en ese diálogo, lo que parecía disperso se convierte en una nueva historia, que existía latente esperando ser ensamblada.


ERD: Si tuvieras que describir la evolución de tu obra desde tus primeras exploraciones hasta la actualidad, ¿qué transformaciones consideras fundamentales en tu manera de entender la imagen?
AF: Diría que al principio me concentraba sobre todo en la construcción de la imagen, en la composición y el color. Con el tiempo, comencé a ver la imagen no solo como algo visual, sino como un espacio donde pueden convivir la memoria, el trauma, la identidad y la herencia emocional. Ahora veo cada collage como un organismo vivo, menos un objeto estático y más una narrativa abierta, en la que cada fragmento tiene un peso propio. Confiando en la imagen como un lenguaje que dice lo que las palabras no alcanzan.
ERD: El collage nació históricamente ligado a las vanguardias y a la ruptura de discursos establecidos. En el contexto contemporáneo, ¿qué capacidades críticas conserva todavía este lenguaje?
AF: Creo que esa capacidad crítica sigue muy viva. El collage ya no solo cuestiona las formas del arte, sino también cómo construimos memoria, identidad y verdad en una época llena de imágenes y donde mayormente son digitales. En mi trabajo, me interesa que el espectador no consuma la imagen rápido, sino que se detenga, relacione fragmentos, complete silencios con su propia experiencia. Es un recordatorio de que toda imagen puede desmontarse, re-leerse, re-significarse. Creo que ahí es donde el collage conserva una de sus mayores fortalezas. Ser una herramienta para mirar más despacio y con más conciencia si le sumamos lo analógico.
ERD: En Bolivia el collage continúa siendo una práctica menos visibilizada que otras disciplinas artísticas. Desde tu experiencia, ¿cómo percibes el desarrollo de esta escena en el país durante los últimos años?
AF: Creo que el collage ha ido ganando mayor visibilidad; aunque, aún ocupa un lugar periférico. Se percibe un interés creciente, sobre todo entre artistas jóvenes que exploran narrativas personales y formatos experimentales con fuerza en diseño. Aunque todavía faltan más espacios de exhibición, más autores que saquen sus obras a espacios físicos, concursos, aulas y un diálogo crítico lejano al hobbit o moda. Desde mi experiencia, trabajar en collage en Bolivia también ha sido abrir camino, demostrar que este lenguaje puede sostener discursos complejos y muy contemporáneos. Me entusiasma ver cómo más artistas se acercan al collage con su propia mirada. Creo que la escena está creciendo, aunque su verdadero potencial aún está por verse.





ERD: Participar en espacios internacionales permite observar distintas formas de entender una misma disciplina. ¿Qué diferencias encuentras entre la producción de collage en América Latina y aquella desarrollada en otros contextos culturales?
AF: Cada contexto cultural lleva al collage a diferentes preocupaciones. En América Latina suele estar muy ligado a la identidad y las heridas históricas, con una carga simbólica muy fuerte. En otros contextos, sobre todo en Europa o Norteamérica, noto una variedad mayor de líneas de investigación, desde lo conceptual hasta lo más formal o tecnológico, con más espacios institucionales. Aun así, esas diferencias nutren el diálogo, no lo separan. El collage sigue hablando muchas lenguas a la vez. A mí me interesa dialogar con esa escena más amplia sin perder de dónde vengo, aunque mis obras no tengan un cordón umbilical conectando con mi propia cultura boliviana donde sí o sí deba existir la imagen social, folklórica, política en mis piezas. Siento que la identidad no es poner una llama o una cholita en mi obra. Más allá existe una identidad que no limita; al contrario, aporta una voz propia a una conversación global, y al final, el collage cruza fronteras porque habla un lenguaje universal, el de reconstruir sentido desde fragmentos.
ERD: La Exposición Internacional de Collage de Varsovia reúne a 74 artistas provenientes de 24 países y se ha consolidado como uno de los encuentros más importantes dedicados a esta disciplina en Europa. ¿Qué significado tiene para ti formar parte de esta edición?
AF: Participar en la Exposición Internacional de Collage de Varsovia significa, una oportunidad de dialogar con artistas de muchas culturas y sensibilidades. Me emociona que una voz desde mi contexto se sume a una conversación internacional, porque Bolivia es mirada con curiosidad al no llevar más de una representación frente a otros países siendo representados por muchos artistas. Y bueno, más que un punto de llegada, lo veo como un momento en un proceso que sigue transformándose. Estar ahí es asumir el compromiso de seguir profundizando en mi lenguaje y, al mismo tiempo, escuchar otras miradas que amplían mi forma de entender el collage. En ese sentido, la exposición no solo valida una trayectoria, sino que abre nuevas posibilidades de crecimiento.
ERD: Cuando recibiste la invitación para integrar la muestra organizada por Retroavangarda y la Dra. Anna Kłos, ¿qué aspectos del proyecto despertaron más tu interés?
AF: Lo que primero llamó mi atención fue la seriedad curatorial y la posibilidad de unirme a un encuentro internacional centrado únicamente en el collage pero profesional. Me atrajo compartir espacio con artistas de distintos países, no en competencia, sino en intercambio de miradas y procesos. Me conmovió la confianza puesta en mi trabajo. Sentí que no solo se valora una pieza, sino una investigación artística continua. Eso reafirma mi compromiso con seguir profundizando en el collage como un lenguaje.
ERD: Compartes espacio expositivo con artistas de Europa, América, Asia y Oceanía. En un contexto tan diverso, ¿cómo fue la selección de las obras con la Dra. Anna Kłos?
AF: Las piezas tenían que tener un hilo entre ellas, así hubieran sido realizadas con periodos de tiempo distintos o para series distintas. Propuse collages creados para coleccionistas, clientes escritores en su mayoría. Pero finalmente se eligieron las que tenían una paleta cálida, de estilo pictórico que es mi estilo en el collage y en su mayoría portadas de libros para el escritor Claudio Ferrufino-Coqueugniot, que llevo realizando para todos sus libros de relatos.


ERD: ¿Qué pieza o conjunto de obras presentas en Varsovia y qué inquietudes buscabas transmitir a través de ellas?
AF: Presento un conjunto de piezas que tejen memorias dispersas de distintos tiempos: cada collage es un eco que viaja desde la nostalgia hasta encontrarse con el presente calmo. Quiero que el espectador sienta que entre esas imágenes se teje un diálogo de voces dentro de libros porque nacieron ahí, y que en cada encuentro con mi obra sepan que están viendo palabras de otro boliviano siendo plasmadas en una imagen de total. Que miran una simbiosis de dos talentos encontrados como en una cita a ciegas. Puede que les encantemos o no. No hay grises.
ERD: El proyecto se define como una iniciativa no comercial enfocada en el intercambio cultural y el diálogo internacional. ¿Qué tipo de conversaciones o intercambios esperas que surjan a partir de esta experiencia?
AF: Eso es, precisamente, lo que más valoro de este proyecto. Al no estar condicionado por una lógica comercial, el centro vuelve a ser la obra y el diálogo que esta puede generar. Espero que esta experiencia propicie conversaciones sobre las distintas maneras de entender el collage, pero también sobre las realidades culturales que atraviesan nuestras prácticas. Me interesa conocer cómo otros artistas construyen sus procesos y, al mismo tiempo, compartir una mirada nacida desde América Latina. Creo que el verdadero valor de un encuentro internacional no está únicamente en exhibir una obra, sino en crear vínculos, intercambiar ideas y descubrir que, aun desde contextos muy distintos, el arte sigue siendo un lenguaje común capaz de conectar experiencias humanas.
ERD: El proyecto se define como una iniciativa no comercial enfocada en el intercambio cultural y el diálogo internacional. ¿Qué tipo de conversaciones o intercambios esperas que surjan a partir de esta experiencia?
AF: Sí. Creo que el espacio donde una obra es presentada nunca es neutral; también forma parte de la experiencia de lectura. Una biblioteca universitaria es un lugar dedicado al pensamiento, la investigación y el intercambio de conocimiento, por lo que invita al espectador a detenerse, observar con mayor atención y asumir una actitud más reflexiva. En ese contexto, el collage deja de percibirse únicamente como una técnica artística y puede ser entendido como un lenguaje de investigación visual, capaz de articular ideas, cuestionar narrativas y producir nuevas formas de conocimiento. Me interesa que el público no solo contemple la obra, sino que dialogue con ella, que descubra que cada fragmento plantea preguntas más que respuestas. Creo que ese tipo de espacios favorecen justamente esa experiencia: una relación más lenta, crítica y profunda con la imagen.
ERD: Junto a la muestra se publica Modern Collage, un volumen dedicado a artistas contemporáneos de esta disciplina. ¿Ya pudiste conocer el material de este volumen dedicado al Collage?
AF: Aún no. La exposición sigue hasta agosto y se está priorizando la venta del libro primero en Polonia y luego habrá un tiraje para su comercialización internacional y envío a los participantes.




ERD: El collage nos enseña que las imágenes sobreviven a sus contextos originales y pueden adquirir nuevos significados cuando vuelven a encontrarse. Si tu participación en Varsovia pudiera resumirse en una sola imagen simbólica, ¿cuál sería y por qué?
AF: Sería una piedrita llevada por el viento. Es pequeña, aparentemente frágil, pero contiene la posibilidad de ir por donde quiera. Viaja, atraviesa fronteras y encuentra un nuevo lugar donde estar sin dejar de pertenecer al suelo del que proviene. Así entiendo esta participación en Varsovia. Es decir: no como un punto de llegada, sino como un desplazamiento que permite que mi trabajo dialogue con otras culturas, otras historias y otras formas de mirar. Si algo he aprendido del collage es que los fragmentos nunca pierden su origen; lo enriquecen cada vez que encuentran un nuevo contexto. Me gusta pensar que mi obra viaja de esa manera: llevando consigo la memoria de donde nace y, al mismo tiempo, abriéndose a nuevas lecturas.



