LARGA NOCHE DE MUSEOS CERRADOS
Hace más de dos semanas se vive un estado de constante inestabilidad e incertidumbre en la sede de gobierno. Los movimientos sociales, los sindicatos de distintos conglomerados y maestros rurales plantean varias demandas; aunque, una de ellas es la que unifique a todas: la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Más allá de hacer una reflexión sobre la situación política del país y la inestabilidad del gobierno actual, es necesario concentrarnos en las consecuencias que generan los bloqueos y las manifestaciones para el arte y la cultura. Concretamente, en la Larga Noche de Museos, que tuvo que suspender sus actividades este sábado 16 de mayo, por un lado, y causa de la falta de sensibilidad de los bloqueadores, por otro.
Para este año se celebraría la vigésima versión de este evento, que congregaba a más de seiscientas actividades culturales y más de un millón de actividades entre exposiciones, conciertos y circuitos destinados a la difusión y el esparcimiento en toda la ciudad. El movimiento económico y la inversión destinada a esta actividad son significativos e importantes para artistas, músicos, artesanos, bailarines, etc.
Podría resultar desatinado señalar, en este punto, que la Larga Noche de Museos es un festín para realzar la cultura de masas y que se vuelve un evento hipócrita, ya que los museos están abiertos todos los días. Tener este tipo de apreciación invisibiliza el movimiento que implica para muchos emprendedores y pequeños, medianos y grandes centros de formación en promocionar sus espacios. De la misma manera, no comprende el significado de la festividad para las personas que planificaron sus eventos meses y semanas antes de esta fecha y que conocieron la noticia de su reprogramación un día antes de llevarse a cabo.

La otra cara de la moneda es preguntarnos en qué aportan los sindicatos al arte y la cultura. En sus setenta y tres años de existencia, la COB (Central Obrera Boliviana) nunca ha realizado un concurso de arte, un congreso de música o una festividad destinada a la promoción de los diferentes artesanos. Lejos estamos de que la COB o la COD (Central Obrera Departamental) destinen sus cuantiosos fondos a construir un museo que podría estar destinado a mostrar sus luchas sociales o —entre otras posibilidades— promover concursos para realizar murales en sus sedes sindicales.
Las federaciones tampoco son ajenas a este tipo de comportamiento. Muchas de ellas tienen el único objetivo de ser plataformas políticas con fueros sindicales destinados a la movilización, la extorsión y el abuso de poder. En otras palabras: un trampolín político. En ellas no existen museos, centros culturales ni espacios destinados al teatro, la música, el arte y la cultura. La Federación Departamental de Trabajadores de Educación Urbana de La Paz, por ejemplo, cuenta en sus instalaciones con un hermoso teatro que solo sirve para las reuniones de sus asociados.
De la misma manera, no se conoce que las organizaciones sociales realicen festivales de música, convocatorias artísticas o actividades destinadas a promover el arte y la cultura. Las Bartolinas Sisa, por colocar un caso, tienen auditorios en sus instalaciones que solo funcionan para sus reuniones. También cuentan con una radio comunitaria y, hasta la fecha, no se conoce un programa referente y digno de mención.
Todas estas entidades tampoco cuentan con editoriales destinadas a la investigación científica, mucho menos con bibliotecas que promuevan la mejora intelectual de sus asociados y, peor aún, no tienen espacios que fomenten la sensibilidad artística.
Esta falta de sensibilidad de los sindicatos, federaciones y organizaciones sociales puede ser el motor principal para no colocarse en el lugar del otro. En otras palabras, el arte tiene la gran posibilidad de situarnos en escenarios distintos de nuestra realidad. Una obra de teatro puede transmitirnos lo difícil que puede ser gobernar un país. Una pintura puede mostrarnos lo monstruoso de la guerra. Una película nos ayuda a autoanalizarnos y criticarnos. Un concierto nos posibilita acercarnos al camino del lenguaje universal… Y así sucesivamente con otras artes.
La falta de empatía y la ausencia de sentidos cultivados en la apreciación artística provocan en el individuo una realidad alterada. Esta unidimensionalidad, provocada por el consumo de un único tipo de realidad —enfatizada por sus líderes sindicales—, que se encierra en la lucha armada y la toma del poder, vuelve a muchos individuos en discapacitados emocionales.
Por eso resulta tan fácil destruir una ciudad. Por eso resulta tan sencillo dinamitar una calle. Por eso resulta tan agobiante e indignante ver cómo, en los puntos de bloqueo, no dejan pasar a una ambulancia o un féretro. La insensibilidad de estos grupos posiblemente se haya enfatizado con la anulación del otro, del diferente, del disidente. Algo que el arte ayuda a cultivar; es decir: a conocer al otro y entender sus complejidad.




Esto no es una mera apreciación o crítica injustificada frente a estas organizaciones. En el siglo pasado existían teatros mineros y cines comunitarios. Las radios estaban destinadas a formar públicos con sus radionovelas y, al ingresar la televisión en Bolivia, se empezaron a realizar programas culturales y pedagógicos. Incluso los primeros promotores del sindicalismo boliviano fueron artistas como Arturo Borda, Alandia Pantoja, entre otros. En estos espacios lideraban personas que contaban con una cultura general amplia, una sensibilidad artística exquisita y una retórica efusiva. Hoy, nada de eso ha sobrevivido.
La COB se ha convertido en un grupo organizado para desfalcar al Estado. Las organizaciones sociales se han conformado en espacios para pedir mayores beneficios a costa de toda la población boliviana. Las federaciones son lugares para coimas, estafas y abusos. Y todas estas son centros para formar personas cada vez más insensibles, con una discapacidad emocional alta e infectadas de una ceguera ideológica que busca la anulación del individuo y del disidente. El 16 de mayo, lograron anular la larga noche con museos cerrados.