UNA BURBUJA EN EL AIRE: CRÍTICA A LA EXPOSICIÓN DE MAX ARUQUIPA Y AL III ENCUENTRO NACIONAL DE GRABADORES EN BOLIVIA
Los libros sobre arte en Bolivia son escasos. Podemos comprobar fácilmente que la mayor parte de ellos se ha escrito sobre los temas habituales, es decir: pintura, escultura y dibujo (este último, en menor medida). Sin embargo, este no es el único problema. También advertimos que resulta casi imposible reconstruir la historia del arte boliviano en relación con otros medios artísticos. Ello se debe a la falta de información sistematizada, la ausencia de repositorios y la escasa cantidad de investigadores interesados en el arte boliviano.
Hago esta introducción a propósito de la exposición de Max Aruquipa en el Museo Nacional de Arte, de la falta de libros sobre la historia del grabado en Bolivia y del III Encuentro Nacional de Grabadores, realizado en Oruro hace unos días. En la exposición de Max Aruquipa podía apreciarse una producción artística de cincuenta años de trayectoria, pero no una cronología visual ni tampoco un recorrido sociocultural de sus obras. La muestra reunía sus grabados como una antología, aunque sin sustento teórico que oriente su lectura.
Los únicos textos que encontré sobre la historia del grabado en Bolivia fueron un catálogo de la exposición, publicada en 2012 por el Museo Nacional de Arte bajo la dirección de Edgar Arandia, Fatima Olivares y Max Aruquipa, que abordaba parcialmente esta temática.
Al seguir buscando información encontré un artículo de Rubén Vargas que reseñaba esta exposición y señala:
El otro texto que encontré fue un artículo de Pedro Querejazu dedicado a la exposición de Aruquipa. Allí afirma que Aruquipa es un gran maestro y está a la altura de Gustav Doré. No pongo en duda los criterios de Querejazu; pero me interesaría saber en qué sustenta tal afirmación.
En otras palabras, la falta de producción historiográfica provoca que desconozcamos el desarrollo de este noble arte. Por tanto, surge varias preguntas inevitables: ¿cómo sabemos de la existencia de escuelas de grabado y de su transformación en el tiempo? ¿Cómo comprendemos las rupturas estéticas o los nuevos lenguajes visuales que emergen? Sin estos recursos, ¿cómo podemos afirmar que un artista es un gran maestro si carecemos de puntos de comparación?

43 x 30 cm,
1976

25 x 20 cm,
1979

46 x 31 cm,
1980

Litografía,
65 x 42 cm,
2018
La exposición de Max Aruquipa, sumada a la escasa información existente sobre su obra, tampoco ayuda a percibir su recorrido histórico en relación con otros grabadores contemporáneos. Mucho menos es posible establecer este desarrollo a partir del catálogo mencionado o de su catálogo razonado cuando recibió el premio de una vida por el LX Salón Pedro Domingo Murillo en 2013. En el caso de la pintura podemos hacer esta reconstrucción con relativa facilidad; en el caso del grabado, todavía no.

Esta problemáticas, además, parece no preocupar a los propios grabadores bolivianos. En el III Encuentro Nacional de Grabadores, realizado recientemente en Oruro, por ejemplo, solo uno de los doce ponentes abordó la xilografía desde una perspectiva histórica: el ingeniero Miguel Salas Aguilar. Todos los demás concentraron sus esfuerzos en el desglose de las distintas técnicas del grabado.




Este panorama desolador me coloca en la difícil posición de analizar la obra de Max Aruquipa sin contar con una referencia histórica y me permita colocarlo en algún sitial dentro de la historia del arte nacional. No quiero decir con ellos que desconozca que Aruquipa formó parte de los Beneméritos de la Utopía, que es docente en la Universidad Mayor de San Andrés y que fue Director de la Academia Nacional de Bellas Artes. Tampoco pretendo desmerecer su trabajo como grabador.
Lo que señalo es algo distinto: ¿cómo podemos situarlo dentro de la historia del arte boliviano si carecemos de otros referentes con los cuales establecer comparaciones? Mientras continúe faltando una investigación seria sobre la historia del grabado en Bolivia y persista un desintereses tan grande, incluso entre los propios encuentros de grabadores, por reconstruir su pasado, este noble arte seguirá siendo una burbuja en el aire. Es decir: son visibles por un instante, admirados por algunos, pero son incapaces de consolidarse en la memoria artística del país.