CRISIS Y CENIZAS

[COMENTARIO A LA EXPOSICIÓN DE FERNANDO MONTES COLQUE]

En el siglo V a. C., los atenienses creían que sus dioses los habían abandonado. El choque psicológico y moral fue devastador; más sabiendo que, en ese contexto, se enfrentaban al ejército espartano. Las probabilidades de un destino esplendoroso, de un mañana mejor, se diluían ante sus ojos. Sin ser suficiente este panorama oscuro, sus cuerpos se estremecían por la fiebre, la disentería y la falta de clemencia de la enfermedad que azotaba a la ´polis´ de Pericles.

El gran constructor de la ciudad ateniense y el creador de la democracia tuvo que soportar el dolor de la muerte en carne propia, pues, su hijo, que había participado en la Guerra del Peloponeso, caía abatido por un enemigo silencioso: la peste provocada por la fiebre tifoidea. Un año después, el mismo emperador Pericles sucumbía a los pies de Tánatos.

La perdida de un hijo arrebatado por la peste es la escena que retrata el artista francés François-Nicolas Chifflart en 1851, obteniendo el primer lugar en el concurso del Prix de Rome. La escena trágica como doliente donde vemos a un Pericles, rodeado de sus amigos cercanos, dándole inconsolablemente el último adiós a su hijo que se encuentra en el lecho ya consumido por las consecuencias de la enfermedad. Los presentes, asimismo, ya están consumidos por las sombras de la muerte, el sufrimiento y las dolencias. Pericles, por su parte, con un himatión rojo y una corona de laureles en la mano derecha, es el único que se mantiene —por el momento— con un pie en la tierra. Mostrándonos Chifflart el destino que le espera.

François-Nicolas Chifflart, Pericles en el lecho de muerte de su hijo, 1851

A lo largo de la historia de la humanidad hemos convivido con diferentes enfermedades. Desde la epidemia de Atenas hasta la pandemia del COVID-19, pasando por la peste negra, la gripe española, entre otras. Tomando como ejemplo estas catástrofes biológicas, los artistas y los intelectuales se sirvieron para reflexionar sobre la fragilidad de nuestra existencia. En Atenas lo hizo el historiador Tucídides; en la peste negra lo hizo el poeta humanista Boccaccio. En la actualidad, tras el paso del Sar-Cov-2, varios artistas se concentraron en una de las mayores pandemias contemporáneas. Así lo podemos ver, en el caso boliviano, la exposición de Fernando Montes Colque, que se encuentra en el Museo Nacional de Arte.

Montes Colque, en su serie de tintas ‘Crisis’ nos muestra su visión de la pandemia. Con colores bien definidos y texturas creadas con transparencias y manchas de tonos rojos, volvemos a conmovernos por los sucesos que pasamos hace unos años. El recuerdo de vivirlo en la piel, la memoria que extraemos desde nuestras carnes, nos evoca ese malestar continuo de tos, fiebre y dolores musculares que tuvo a la humanidad contra las cuerdas. Montes Colque, además, nos muestra el paso de contraer el virus, la desolación del ser y la ausencia de los que no pudieron recuperarse. Propuesta que nos provoca a la reflexión y a la permanente cautela.

Fernando Montes Colque, (Serie) Crisis, 2020

Después del azote de la peste y la muerte de Pericles, Atenas entró en una profunda crisis social y política. El gran imperio que habían forjado quedaba en el recuerdo. Aunque vanos fueron los intentos de la reconstrucción de la ciudad, fue a finales del siglo V a. C., que las invasiones persas, dirigida por Jerjes I, destruirán todo a su paso. La desaparición de la Acrópolis, en consecuencia, era inminente. Las llamas de la ciudad griega, destruida por el rey Persa, posteriormente, fueron llevadas por los ejércitos de Alejandro Magno para quemar el palacio de Persépolis, en el año 330 a. C. Estas constantes guerras dieron paso a otras culturas y a otros imperios, como es el caso del Romano.

En este punto, posiblemente, no nos enfrentamos a una relación de causas y consecuencias, donde, después de ‘Crisis’ lo que queda son ‘Cenizas’. Título bastante sugerente de la segunda serie de cuadros, ahora en técnica mixta, de Fernando Montes Colque. ‘Cenizas’, en todo caso, hace referencia a los desastres provocados por mano humana. Mano que, con intervención nada divina, depreda todo a su paso. No obstante, parecería que desde que conquistamos el fuego, hace unos 400.000 o 500.000 años atrás, el ser humano ya causaba serios problemas a los ecosistemas, pues, la génesis de los incendios forestales data que el primero fue causado hace casi 470 millones de años. Desde ese momento hasta la actualidad, los seres humanos no hemos cambiado en nuestro comportamiento de depredación.

Recordemos que, en el 2019, se quemaron más de 2 millones de hectáreas de bosque Chiquitano en Bolivia, teniendo como resultado una muerte de posiblemente 5.914.527 mamíferos muertos directamente por el fuego. Hecho que las autoridades de ese entonces quisieron resolver con métodos nada efectivos.

Montes Colque, en efecto, con sus óleos en gran formato se concentra en evocar en su paleta de colores a la ceniza, para darnos un diálogo íntimo con la depredación humana. En el primer bloque de pinturas vemos árboles que lloran aves. Llanto descarnado que no cesa frente a los árboles que, ahora, ya no existen, porque fueron devorados por el fuego que está presente, aunque no sea retratado.

Fernado Montes Colque, (Serie) Cenizas, 2022

Los cuadros de Montes Colque, posteriormente, dan un giro para mostrarnos el paisaje desolador, apocalíptico, sombrío entre colores producto del carbón vegetal y los matices del sepia carbonizado. Aquel escenario se nos abre como un mundo que ya es un desierto de cenizas, donde no hay paso para un nuevo ser, pues, el hombre se ha vuelto infinitamente despreciable como minúsculo por su accionar. Fernando Montes Colque cierra su exposición con un videoarte (realización y posproducción de Christian Lanza y Cecilia Bojanic), donde sentimos el sonido de las brazas en todo nuestro recorrido, la impresión del fuego y la irresponsabilidad tanto de autoridades como del ser humano en sí en un mundo cada vez más poblado.

El mensaje, en suma, no es saber que dónde hubo crisis, cenizas quedan; sino, por el contrario, que las cenizas son las que provocaran las siguientes crisis climáticas. Provocándonos una reflexión: ¿Acaso el COVID-19 no fue producto de incendios forestales del 2019-2020 a nivel mundial?

Fernado Montes Colque, (Serie) Cenizas, 2022

[ Embocadura ]

  • ADRIANA BRAVO: AUTOPLAGIO DE UNA IDEA RECURRENTE  

    CRÍTICA A LAS OBRAS PRESENTADAS AL SALÓN PEDRO, 2024 En 2020, Adriana Bravo impulsó la impugnación del concurso Pedro Domingo Murillo en su versión LXXII. Esta acción se fundamentaba en que una fotografía de Patricio Crooker había sido utilizada por Angelo Benito Guzmán para realizar un grabado. Asimismo, Bravo promovió la revisión de las obras…

  • LARGA NOCHE DE MUSEOS CERRADOS

    LARGA NOCHE DE MUSEOS CERRADOS
    La suspensión de la Larga Noche de Museos no solo representa la cancelación de un evento cultural. También evidencia una crisis más profunda: la desconexión entre las organizaciones sociales y la sensibilidad artística.
    Mientras artistas, músicos, gestores culturales y emprendedores ven afectado su trabajo por los bloqueos y la inestabilidad política, sindicatos y federaciones parecen haber abandonado históricamente cualquier vínculo con la promoción del arte, la cultura y la formación sensible.
    El texto reflexiona sobre el deterioro de los espacios culturales dentro de las organizaciones sociales bolivianas y contrasta esta realidad con el pasado, cuando existían teatros mineros, radios culturales y movimientos sindicales vinculados a artistas e intelectuales.
    La pregunta central es incómoda pero necesaria: ¿qué ocurre con una sociedad que deja de cultivar la empatía, la imaginación y la sensibilidad artística?

  • UN EROTISMO SIN PASIÓN

    [CRÍTICA A LA EXPOSICIÓN DEL COLECTIVO CONVERGENCIAS ARTÍSTICAS] Recibir estímulos que provoquen placer es mucho más fácil en la actualidad que en la época Victoriana. Hoy en día, podemos ver una imagen sugerente por las redes sociales, comprar una película o un libro con relatos bastante insinuantes a precios módicos. Asimismo, es más recurrente tener…

  • |

    LA ORDEN DEL OLVIDO

    La orden del olvido reconstruye uno de los episodios más violentos de la historia del arte boliviano: el secuestro y exilio de Diego Morales durante la dictadura de 1980. Sus obras, confiscadas por el régimen de García Meza, fueron convertidas en trofeos por los censores del pensamiento, pero hoy retornan como testigos del horror y la resistencia. Morales disecciona con precisión quirúrgica los males de la nación: la hipocresía, el autoritarismo y la falsa moral. Su pintura no busca la belleza decorativa, sino la verdad punzante. A cuarenta y cinco años de aquella noche de represión, esta exposición no se plantea como un homenaje, sino como una operación estética de memoria, un exorcismo contra el olvido y una radiografía del alma boliviana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *