SANKOFA – Volver para aprender
La Asamblea General de las Naciones Unidas, el 25 de marzo de este año, declaró la trata trasatlántica de africanos esclavizados como el “crimen más grave contra la humanidad”. Fueron 123 países los que votaron a favor, tres en contra, cincuenta y dos se abstuvieron y quince estuvieron ausentes. Bolivia se encuentra en este último grupo.
La resolución fue impulsada por la República de Ghana, sentando las bases para solicitar disculpas oficiales, la devolución de bienes culturales robados y la reparación de los daños estructurales que persisten hasta el día de hoy. El Estado Plurinacional de Bolivia, en este punto, ya no es solo un miembro ausente en la Asamblea de las Naciones; al contrario, es una estructura gubernamental que guarda un silencio sistemático frente a los aportes africanos a la cultura boliviana en distintos ámbitos de la sociedad por medio de la creatividad.
La necesidad de reparación frente a la injusticia y la falta de voluntad por parte del Estado para reconocer las consecuencias de la esclavitud —que nacieron en la época colonial y perduran hasta el día de hoy— no eclipsó la riqueza de una comunidad que, gracias a la filosofía de la no violencia y a la resolución de conflictos mediante la creación artística, ha desarrollado formas de enfrentar las inclemencias sociohistóricas a través del arte.
El pueblo afroboliviano ingresó a la Constitución Política del Estado gracias a su movilización —por medio del canto y el baile— en la ciudad de Sucre, durante la Asamblea Constituyente de 2006. Esta manera de enfrentar las dificultades permite aprender del pasado para construir el futuro. La palabra que engloba esta comprensión de la historia, desde el sistema simbólico Adinkra, se denomina Sankofa. Esta filosofía, que nos enseña a mirar atrás para recuperar lo perdido, es precisamente la que el Estado ignora, pero que el arte rescata como un gesto poético de resistencia. Son, en esencia, símbolos que transmiten valores éticos y estéticos y que, asimismo, han trascendido en el tiempo y el espacio.




Bajo esta premisa de recuperación necesaria, la exposición de Sharon Pérez articula memoria cultural, justicia histórica y apertura hacia nuevas sensibilidades. En ese contexto, la muestra inmersiva se convierte en una respuesta tangible al silencio institucional anteriormente mencionado. En las culturas africanas en general, y en la ghanesa en particular, las construcciones elaboradas con las manos no son solo objetos artísticos, sino también portales para la sanación del cuerpo y la reparación del espíritu en busca de la trascendencia. Las formas simbólicas representadas, las texturas de los materiales y la transcripción del sistema morse permiten que el sonido acerque al espectador a un elemento esencial de su mística ritual.





No es casualidad que Ghana sea conocida como la Costa de Oro. Esa costa, situada al final de África Occidental y fundida con el golfo de Guinea, abre el paso hacia la eternidad. Es en ese lugar, en el umbral entre la vida y el espíritu, donde finalmente todos nos encontraremos en un abrazo eterno.
SHARON PÉREZ SILLERICO

Nació en la ciudad de La Paz, el 2 de enero de 1989. Es licenciada en Artes Plásticas y Diseño Gráfico por la Universidad Mayor de San Andrés. Artista afroboliviana cuya práctica plástica se desenvuelve en la memoria, la identidad y los procesos culturales desde una mirada crítica y contemporánea.
Ha realizado exposiciones a nivel nacional e internacional (Brasil, EEUU, España, Inglaterra y Perú). Fue seleccionada para una residencia artística vinculada al Museo Británico (2022), experiencia que fortaleció su enfoque para investigar en contextos globales.
Su obra se caracteriza por el uso de planchas de metal y la intervención de objetos como puertas, ventanas y bastidores, a través de los cuales explora la memoria histórica, la identidad afroboliviana y el archivo comunitario. Desde estos materiales y las instalaciones artísticas que realiza con diferentes materiales construye un lenguaje que dialoga entre historia, cuerpo y temporalidades.