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LA DISTORSIÓN DE LOS ROSTROS

[TEXTO CURATORIAL AMPLIADO]

El rostro que usamos es una máscara. Ese rostro que colocamos cada lunes por la mañana, antes de ir a trabajar, no es el mismo que usamos un viernes en búsqueda de la soltería deseada. Tampoco es el rostro de un miércoles por la tarde: el de quien envía un “mensaje de texto” para informarnos de “una exclusión”. Ni mucho menos es el rostro de la felicidad absoluta al descubrir nuestro verdadero semblante un domingo por la noche, semejante al éxtasis de cometer un pecado.

Los rostros que utilizamos sobre la mesa o sobre la cama son tangencialmente distintos de los que mostramos frente a la injusticia y el abuso de poder. Y, evidentemente, se parecen a los que asumimos para rezar o para bailar. La maquinaria que se encuentra detrás de estos rostros está compuesta por hilos de marioneta que mueven muecas, gestos, guiños…

Alegoría de mi mente,
óleo sobre lienzo, 2022

Esa maquinaria que invisibiliza nuestras verdaderas intenciones y que nace de nuestros más oscuros pensamientos. Son un engranaje perfecto para que reinen las apariencias. Algunos lo podrán llamar engaño. Otros, por el contrario, más objetivos, lo llamarían rostros verdaderos. El rostro, en proporción con el total del cuerpo, da como resultado un número ínfimo. No obstante, es suficiente para entender la psicología de una persona.

Posiblemente, si aisláramos el cuerpo y nos quedáramos solo con el cuello hacia arriba, comunicaríamos mucho más que con todas las palabras del mundo. La gesticulación del rostro es un lenguaje poco explorado. El universo simbólico de la expresión facial, en la exposición de Fabián Vargas Andrade, es la puerta de entrada —y, por qué no decirlo, también de salida— del juego entre la realidad y la falsedad.

La negra,
óleo sobre lienzo, 2026
Horror y muerte,
óleo sobre lienzo, 2026

Es ese ritual matutino que practicamos frente al espejo, después de lavarnos los dientes: expresiones que revelan una máscara que no oculta al hombre ni a la mujer. Un ritual que sabe a muerte y horror, a horror y muerte, en la caída de un bailarín con la cabeza acebollada en verdes y rojos. En esa cabeza se encuentran las arquitecturas de la apariencia: un mundo que se destila entre la utopía y la distopía de las alegorías de nuestra mente. Y es allí donde radica la distorsión de los marcos, la distorsión del «Yo mismo», la distorsión de las jerarquías, donde la corona del rey es, al final de cuentas, la de un arlequín.

Yo mismo,
acuarela, 2024
La corona del Rey,
óleo sobre lienzo, 2025

Los rostros que usamos son una colección mortuoria, colgada en los ganchos del armario, después de levantarlos del tendedero. Es decir: las arrugas de nuestra memoria emocional. Las caras que colocamos frente al mundo son pequeñas cicatrices de batallas inconclusas. «Ritual» de Vargas Andrade, que fue galardonada con una mención en el Concurso de Dibujo Fernando Montes el 2024, muestra esas medallas de la vida que podemos traducir como cicatrices de nuestra existencia.

El rito,
Dibujo,
(Mención de Honor en el concurso de Dibujo Fernando Montes, 2024)

«China albina» juega con la bifurcación entre el rostro y la máscara en una jerarquía horizontal, comulgando la insolencia y la desobediencia. En una ruta contraria tenemos a «La corona del Rey». En ella se disputa el poder, la ceguera adquirida por un accidente o heredada por una ideología que te enseña cómo adquirir el monopolio de la violencia cómica. La corona es un arlequín y el Rey un payaso.

China albina,
óleo sobre lienzo, 2025

Para escalar en el poder, no solo se necesita callar. También se necesita acallar, reducir al enemigo, defenestrarlo. La más tierna de las mujeres puede ser la más cruel de las amantes, y su rostro seguiría siendo el mismo. En «Arquitectura de lo que aparento» el título no es una confesión, sino una realidad dentro de la cúpula del poder, donde es una necesidad callar porque es más eficiente observar como un panóptico y, por lo mismo, lavarse las manos con sangre.

La máscara no oculta al hombre,
óleo sobre lienzo, 2025
Restos de una piel que ya no hábito,
acuarela, 2026
La piel que ya no miente,
acuarela, 2026

Entre «La piel que ya no miente» y «Restos de una piel que ya no habito» solo queda en su distancia la cáscara que dejaron atrás. La metamorfosis de la piel transita entre la máscara veneciana que llevamos y el memento mori de la vanitas. El rostro, la piel y la máscara están, en la exposición de Fabián Vargas Andrade, representados en un mundo que debemos explorar.

FABIÁN VARGAS ANDRADE

Nació en La Paz, el 18 de agosto de 1999. Es licenciado en Auditoría por la Universidad de Aquino Bolivia (UDABOL) y egresado de la Academia de Bellas Artes ‘Hernando Siles’ (ANBA).

Realizó cursos de retrato expresivo con acuarela (2019), retrato realista con grafito (2020), retrato con acuarela y medios digitales (2020) y caricatura en acuarela (2021). Fue parte de varias exposiciones en centros culturales junto al colectivo Machaq Tiksi, en las cuales resaltan:

  • Mención de Honor en el Concurso Fernando Montes, La Paz, 2024.
  • Exposición ‘El jardín de tentaciones’ y ‘Miradas con Altura’, La Paz, 2022.
  • 1.ª y 2.ª mención en el Salón Anual ANBA, La Paz, 2022.
  • 2.º lugar en Pintura al Aire Libre ANBA, La Paz, 2022.
  • Día Internacional de la Acuarela y Nuevo Origen, La Paz, 2021.

[ Embocadura ]

  • LARGA NOCHE DE MUSEOS CERRADOS

    LARGA NOCHE DE MUSEOS CERRADOS
    La suspensión de la Larga Noche de Museos no solo representa la cancelación de un evento cultural. También evidencia una crisis más profunda: la desconexión entre las organizaciones sociales y la sensibilidad artística.
    Mientras artistas, músicos, gestores culturales y emprendedores ven afectado su trabajo por los bloqueos y la inestabilidad política, sindicatos y federaciones parecen haber abandonado históricamente cualquier vínculo con la promoción del arte, la cultura y la formación sensible.
    El texto reflexiona sobre el deterioro de los espacios culturales dentro de las organizaciones sociales bolivianas y contrasta esta realidad con el pasado, cuando existían teatros mineros, radios culturales y movimientos sindicales vinculados a artistas e intelectuales.
    La pregunta central es incómoda pero necesaria: ¿qué ocurre con una sociedad que deja de cultivar la empatía, la imaginación y la sensibilidad artística?

  • ADRIANA BRAVO: AUTOPLAGIO DE UNA IDEA RECURRENTE  

    CRÍTICA A LAS OBRAS PRESENTADAS AL SALÓN PEDRO, 2024 En 2020, Adriana Bravo impulsó la impugnación del concurso Pedro Domingo Murillo en su versión LXXII. Esta acción se fundamentaba en que una fotografía de Patricio Crooker había sido utilizada por Angelo Benito Guzmán para realizar un grabado. Asimismo, Bravo promovió la revisión de las obras…

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    [CRÍTICA A LA EXPOSICIÓN DEL COLECTIVO CONVERGENCIAS ARTÍSTICAS] Recibir estímulos que provoquen placer es mucho más fácil en la actualidad que en la época Victoriana. Hoy en día, podemos ver una imagen sugerente por las redes sociales, comprar una película o un libro con relatos bastante insinuantes a precios módicos. Asimismo, es más recurrente tener…

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    LA ORDEN DEL OLVIDO

    La orden del olvido reconstruye uno de los episodios más violentos de la historia del arte boliviano: el secuestro y exilio de Diego Morales durante la dictadura de 1980. Sus obras, confiscadas por el régimen de García Meza, fueron convertidas en trofeos por los censores del pensamiento, pero hoy retornan como testigos del horror y la resistencia. Morales disecciona con precisión quirúrgica los males de la nación: la hipocresía, el autoritarismo y la falsa moral. Su pintura no busca la belleza decorativa, sino la verdad punzante. A cuarenta y cinco años de aquella noche de represión, esta exposición no se plantea como un homenaje, sino como una operación estética de memoria, un exorcismo contra el olvido y una radiografía del alma boliviana.

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